
El Senado aprobó la reforma tributaria más regresiva de las últimas décadas. Redujo impuestos a las grandes fortunas y dejó al Estado con menos recursos para salud, educación y cuidados. No es solo que Kast impuso una reforma cargada de ideología y con escasa evidencia. Es un proyecto aberrante, que hará de Chile un país más desigual con un costo que pagarán quienes menos tienen.
Es la misma agenda que la ultraderecha impulsa en todo el mundo, con rostros concretos: oligarcas digitales relativizando la democracia, negacionistas climáticos hipotecando nuestro planeta, conservadores legislando sobre el cuerpo de las mujeres en nombre de la natalidad. En Chile, ese último rostro tiene nombre propio, Escucha su corazón un proyecto que busca obligar a las mujeres a escuchar el latido del feto antes de un aborto legal, incluso si el embarazo es producto de una violación.
Con la megarreforma el Gobierno se anotó un triunfo pírrico que ya le costó a Kast respaldo popular. Las decisiones gubernamentales de estos primeros meses, además, agudizaron un pesimismo que ya recorría el país. No es casualidad. Han sido años duros, de una intensidad sin parangón: el estallido social, la pandemia, dos procesos constituyentes fallidos, los avances, pero también las frustraciones que dejó el Gobierno del presidente Boric, y ahora una guerra global que encareció los combustibles, costo que el actual Gobierno trasladó con total indolencia a la población.
Pero hay un pesimismo que golpea, sobre todo, a la propia izquierda: intelectuales desconcertados ante el avance de la inteligencia artificial, un progresismo que frunce el....
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